“No siento las piernas” decía en la película “Acorralado”,
la primera de Rambo, una de sus víctimas, no el protagonista a quien se le
atribuye la ya mítica frase. Algo así pensamos los sureños, los del sur de
Europa, sobre la situación actual. Si no conseguimos echar de la eurozona a
Alemania, para cobrarle luego elevadas tasas para vender sus productos en
nuestra eurozona, acabaremos siendo los ciudadanos encargados de llevar el
camión escoba, término ciclista de las viejas vueltas a España, Italia y
Francia que sin saberlo en su día vertebraban Europa, para ir recogiendo la
basura generada por los norteños.

Cuando aquel visionario alemán de postguerra llamado Konrad Adenauer
pensó Europa, la nueva Europa unida, repleta de ideales que más bien parecían
copiados de los lemas franceses de su revolución, igualdad, fraternidad, etc.,
nunca podría haber imaginado que medio siglo más tarde aquella vieja idea
hubiese llegado a lo que llegó, a una Europa unida en la que Alemania, su
Alemania, ya no gana tantos títulos con su selección de futbol pero ha
gestionado la cohesión entre los diferentes países de la Unión de la única
manera victoriosa posible: todos deben dinero, todos compran y venden deuda,
todos menos ellos.
Nuestra sociedad sureña, la que trabaja para vivir versus la
norteña que vive para trabajar (allá ellos), durante aquellos tiempos de
felicidad en los que nada nos preocupaba, cuando griegos, italianos,
portugueses, irlandeses (sureños por adopción ya que nos gusta su cerveza) y
españoles, viajábamos a Nueva York y pedíamos aquello del “deme dos” porque su dólar
era una risa, teníamos todavía mitificada aquella América de la infancia, la
del “… way of life” que su industria cinematográfica tan bien supo vender al
mundo. Una sociedad en la que frases
como “tengan cuidado ahí fuera”, dicha por el teniente Furilo o por alguno de
sus sargentos a la tropa antes de enfrentarse al barrio, nos sonaba lejana. Tan
lejana como los trajines y ajetreos que se traían muchos años después los
familiares de Tony Soprano.

Hoy no sentimos las piernas, ni nosotros ni los que nos
gobiernan desde que esto empezó (ya van dos gobiernos diferentes e iguales en
lo inútil). A los Furilos actuales, a los Frank Serpico, los callan o los
inhabilitan. A los Soprano los ningunean mirándoles por encima del hombro, aquí
se roban millones a espuertas y no camiones con inodoros o con bolsos de Louis
Vuitton.
Para arreglar esto no necesitamos superhéroes como en
América, nos necesitamos unos a otros, vecinos.
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